Mundo ficciónIniciar sesiónLa cena había terminado hacía rato. La mesa ya estaba recogida, los niños dormían en sus habitaciones, Alexei abrazado a su osito y a un dibujo nuevo de dragones, Nikolai con el pulgar en la boca y la pequeña Sofía respirando suave en su cuna, y la mansión se había quedado en ese silencio cálido que solo llega cuando todos están donde deben estar.
Sofía se había bañado rápido, se había puesto un camisón de algodón blanco que le llegaba a medio muslo y se había metido en la cama antes que Viktor. Estaba acostada de lado, de cara a la ventana, con las rodillas recogidas y el dedo índice trazando círculos lentos, distraídos, sobre la sábana. No era cansancio, todavía seguía pensando en la vergüenza que pasó frente a Viktor con el tema del nuevo embarazo y el vómito que evidenció todo, y también algo más, un remolino de pensamientos que no la dejaban tranquila. Viktor entró sin hacer ruido, cerró la puerta con cuidado y se quedó un segundo mirándola desde el umbral. Llevaba solo el pantalón de pijama gris, el torso desnudo todavía marcado por las cicatrices viejas y las nuevas que el rescate de Misha había añadido. Vio cómo Sofía jugueteaba con la sábana, cómo su respiración era un poco más rápida de lo normal, y supo que algo no estaba bien. Se acercó lentamente, se acostó frente a ella, a la misma altura, y le acarició la mejilla con el dorso de los dedos. —Amor… ¿qué pasa, mi reina? Sofía levantó la vista, los ojos grandes y todavía un poco húmedos de la vergüenza que no se había ido. —Nada… o sí. Todavía me siento… ridícula. Por lo de hoy. Por vomitarte encima. Por no poder controlarlo. Con Alexei y Nikolai nunca me pasó así… nunca tan fuerte, tan de repente. Y ahora… ahora con este bebé… siento que es diferente. Que quizás sea especial. O… no sé. Quizás sea un niño que venga a cambiar todo. Que se vuelva contra nosotros. Que odie la mafia. Que quiera ser presidente y nos mire como si fuéramos criminales. O quizás sea una niña que se enamore de alguien que no nos guste. O… o no sé, Viktor. Estoy delirando. Pero tengo miedo. Miedo de que este bebé sea… diferente. De que no lo hagamos bien. Viktor la escuchó sin interrumpir, con los ojos fijos en ella, dejando que cada palabra saliera sin prisa. Cuando terminó, le acarició el muslo despacio, subiendo por la piel suave bajo el camisón, rozando la cara interna con las yemas de los dedos, sin llegar todavía donde sabía que ella lo necesitaba. —Mi amor… mírame. Ella lo hizo, levanta la mirada, con los ojos vidriosos. —Este bebé va a ser especial. Como todos. Porque es nuestro. Porque lleva tu fuego y mi fuerza. Y sí, va a ser diferente. Todos lo son. Alexei ya es diferente: eligió a Misha cuando nadie más lo quería. Nikolai es diferente: callado, tranquilo, pero fuerte como un árbol. Y esta criatura que llevas dentro… va a ser diferente también. Viktor hace una pequeña pausa antes de continuar. —Quizás quiera pelear contra lo que nosotros fuimos. Quizás quiera ser presidente y cambiar el mundo. Quizás nos mire con ojos de reproche algún día. Pero eso no significa que fallamos. Significa que lo hicimos bien. Que le dimos alas. Que le dimos libertad para elegir su camino. Y si elige uno que no nos gusta… estaremos ahí. Para amarlo igual. Para guiarlo. Para recordarle que, pase lo que pase, esta familia no se rompe. Sofía sintió que las lágrimas volvían, pero esta vez eran de alivio. La mano de Viktor subió más, rozando el borde de su ropa interior, sintiendo la humedad que ya la delataba. —¿Y si es una niña y se enamora de un idiota?— preguntó bajito, con voz temblorosa pero ya con un toque de risa. Viktor sonrió, con malicia, mientras sus dedos se colaban bajo la tela, acariciándola despacio, en círculos suaves que la hicieron jadear. —Entonces le enseñaré a disparar. Y si el idiota la hace sufrir… le recordaré que su papá sabe dónde viven los idiotas. Sofía soltó una risa entrecortada, arqueando la espalda contra su mano. —Eres terrible…— murmura ella viéndolo, viendo como Viktor, su hombre, ha cambiado a lo largo de los años, es cierto que, si tuviera una hija, no querría pasar por lo que Sofía había pasado bajo el control de él en aquel momento, y ella... ahora siente más que alivio, siente felicidad y seguridad. Viktor sonríe. —Terrible contigo— murmuró él, besándole el cuello mientras sus dedos entraban despacio, profundos, encontrando ese punto que la hacía temblar. —Y ahora… ahora déjame demostrarte que no tienes que tener miedo. Que este bebé va a ser perfecto. Que nosotros vamos a ser perfectos para él. O para ella. Sofía gimió bajito, abriendo las piernas más para él. —Viktor… por favor… hazme tuya… hazme sentir que todo va a estar bien… Él la volteó con cuidado, la puso boca abajo y se colocó detrás, besándole la espalda mientras bajaba el camisón y entraba despacio, profundo, llenándola por completo. —Todo va a estar bien, Mayra mía… todo.— Jadea con fuerza sintiendo la presión acalorada de su amada a su alrededor y apoya su frente contra la suya. —Porque te tengo a ti. Porque me tienes a mí. Porque este bebé… este bebé ya es nuestro milagro. Se movieron juntos, lento al principio, como si quisieran grabar cada sensación. Cada embestida era una promesa. Cada gemido, un voto. Cuando Sofía llegó, temblando y susurrando su nombre, Viktor la siguió, derramándose dentro de ella con un gruñido ronco que vibró contra su espalda. Se quedaron abrazados, sudorosos, respirando al mismo ritmo. Sofía giró la cabeza y lo besaba lenta y profundamente sin querer detenerse. —Te amo, Viktor… y este bebé… este bebé va a ser feliz. Porque tiene los mejores padres del mundo. Viktor la apretó más, besándole la nuca varias veces. —Y los mejores hermanos. Y la mejor abuela. Y la mejor familia. Sofía sonrió, somnolienta. —¿Crees que sea niña? Viktor le devuelve la sonrisa con lentitud y otro beso más. —Sea lo que sea… va a ser perfecto. Como tú. Y mientras la mansión dormía alrededor, con la nieve cayendo suave afuera y los niños soñando con dragones, Viktor y Sofía se durmieron entrelazados. Con la promesa de un nuevo comienzo creciendo dentro de ella. Con la certeza de que, pase lo que pase, siempre estarían juntos. Ahora lo que quedaba era esperar a que pasen los meses y descubrir quien será el próximo o la próxima nueva integrante a la familia Ivanov.






