Inicio / Mafia / COMPRADA POR EL JEFE DE LA MAFIA / Capítulo 137: El encuentro en Pushkino.
Capítulo 137: El encuentro en Pushkino.

La carretera A-107 estaba desierta a esa hora de la noche. Solo faros solitarios cortando la oscuridad y la nieve que caía en copos gruesos y lentos. Viktor conducía el todoterreno negro con las luces bajas, Dimitri a su lado en el asiento del copiloto, revisando el mapa en su tablet con el ceño fruncido.

Dos vehículos más los seguían a distancia prudente, hombres de confianza, armados, silenciosos, no hablaban y tampoco hacía falta. El plan era simple: llegar, evaluar, decidir.

Y traer al niño de vuelta.

El cartel viejo de la fábrica de ladrillos apareció en la curva, oxidado y medio caído. Viktor redujo la velocidad y estacionó a un lado del camino, apagando el motor. Dimitri miró por la ventana.

—¿Estás seguro de que viene solo?

Viktor apagó el cigarrillo que había encendido en el trayecto.

—No viene solo. Pero tampoco viene armado. No hoy.

Bajaron. El frío les golpeó la cara como una bofetada. Carl ya estaba ahí, su todoterreno gris aparcado bajo el cartel, luces apagadas. Él salió del auto, solo, sin abrigo, solo con el traje arrugado y la cara de quien no ha dormido en días.

Se encontraron a mitad del camino, bajo la nieve que caía entre ellos como una cortina blanca.

Carl habló primero, voz ronca.

—No vine a pelear, Ivanov. Vine porque no tengo otra opción.

Viktor asintió, sin moverse.

—Yo tampoco vine a pelear. Vine porque mi hijo no come desde que se llevaron al suyo. Porque Alexei llora en silencio pensando que falló en proteger a su amigo. Y porque sé lo que es ver a alguien querido se r secuestrado y desaparecer en una van negra.

Carl tragó saliva, mirando al suelo.

—La policía no tiene nada. Solo la placa falsa de la van y huellas que no sirven. Dicen que es profesional. Que no hay demanda de rescate todavía.

Viktor se acercó un paso.

—Porque no es extorsión. Es algo personal. Alguien quiere algo de ti, Carl. O de mí. O de los dos. Pero no vamos a esperar a que lo digan. Dimitri está en camino. Llega en veinte minutos. Trae a dos de mis mejores hombres y un contacto en la FSB que debe favores. Podemos rastrear la van por cámaras de tráfico y satélites privados si es necesario. Pero necesito saber todo lo que tú sabes: enemigos recientes, deudas, amenazas. Todo.

Carl lo miró fijo, evaluándolo.

—¿Por qué me ayudas? ¿Qué ganas tú con esto?

Viktor soltó una risa amarga.

—Gano que mi hijo vuelva a sonreír. Gano que deje de culparse por no haber salvado a su amigo. Y gano que tú dejes de mirarme como si fuera el diablo… aunque sea solo por una noche.

Carl se quedó callado un momento.

—Mis negocios… he pisado muchos callos. Contratos perdidos con el ayuntamiento, un proveedor que quebró por mi culpa, un socio que juró vengarse cuando lo saqué del negocio. Pero esa llamada… el número que ignoré… era de un bloqueado. Dos veces antes. Pensé que era spam.

Viktor sacó su teléfono.

—Envíamelo. Mi gente puede rastrearlo aunque esté bloqueado.

Carl sacó su móvil y se lo mandó en un mensaje.

—Si esto sale mal… si algo le pasa a Misha…

Viktor lo interrumpió.

—No va a salir mal. Porque no vamos solos. Y porque nuestros hijos ya decidieron que son hermanos. Y los hermanos no se dejan atrás.

En ese momento, el teléfono de Viktor vibró.

Dimitri.

—Llegando en cinco. Traigo a Sergei y Boris. Y el contacto de la FSB dice que la van fue vista saliendo hacia el norte, dirección Klin. Tenemos una ventana de dos horas antes de que desaparezcan en las zonas sin cobertura.

Viktor miró a Carl.

—Nos movemos ya. Sube a tu auto. Síguenos. Nos encontramos en el cruce de Klin en veinte minutos. Y Carl… no hagas nada estúpido. Esto no es tu guerra solo. Es de los dos.

Carl asintió, los ojos duros pero con un brillo nuevo.

—No haré nada estúpido. Solo quiero a mi hijo de vuelta.

Se dio la vuelta y caminó hacia su auto. Viktor volvió al todoterreno, subió y miró a Dimitri.

—Está dentro. Por ahora.

Dimitri sonrió apenas.

—Un paso. Es un comienzo.

Mientras los autos arrancaban de nuevo, cortando la nieve con los faros, Viktor pensó en Alexei durmiendo en casa, en Sofía velando su sueño, en la pequeña Sofía en su cuna. Y por primera vez en mucho tiempo, no pensó en venganza.

Pensó en traer a un niño a casa. Porque eso… eso era lo que hacían los padres. Y esa noche, dos padres que se habían odiado toda la vida… empezaban a entenderlo.

La nieve seguía cayendo en silencio, como si el cielo mismo quisiera amortiguar el ruido de lo que estaba por venir. Viktor se quedó un momento más mirando el punto donde el auto de Carl había desaparecido entre la oscuridad y los copos blancos. El frío le mordía las manos desnudas, pero no se movió.

Dimitri, a su lado, encendió un cigarrillo y le ofreció uno sin preguntar. Viktor lo tomó, lo encendió con el mechero que siempre llevaba en el bolsillo interior de la chaqueta, y dio una calada larga, dejando que el humo le quemara la garganta.

—No sé si esto va a funcionar, Dimitri— murmuró, la voz baja y ronca. —Carl sigue viéndome como el enemigo. Y yo… yo sigo viéndolo como un idiota que no supo proteger a su hijo. Pero los niños no entienden de eso. Alexei no entiende de rencores. Solo entiende que su amigo no está.

Dimitri exhaló el humo despacio, mirando hacia el horizonte negro.

—Los niños son los únicos que todavía saben elegir sin calcular. Alexei eligió a Misha. Y Misha, aunque sea un crío, eligió a Alexei de vuelta. Eso pesa más que cualquier historia vieja entre nosotros y Carl.

Viktor soltó una risa seca, sin humor, demasiado amarga.

—Historia vieja… joder, Dimitri. Si Carl supiera la mitad de lo que hemos hecho, no me dejaría acercarme ni a diez kilómetros de su hijo. Y yo… yo no sé si quiero acercarme. Pero Alexei no va a comer hasta que vea a Misha de nuevo. Y yo no soporto verlo así.

Dimitri apagó el cigarrillo contra la suela de la bota y miró a Viktor directo a los ojos.

—Entonces no lo soportes solo. Llama a Sofía. Dile que estamos en camino. Dile que vamos a traer al niño. Y después… después nos movemos como siempre. Rápido. Limpio. Sin dejar rastro que nos vuelva a casa.

Viktor sacó el teléfono otra vez.

Marcó el número de Sofía.

Contestó al primer tono.

—¿Viktor?

Su voz temblaba un poco, pero se mantenía firme. Viktor cerró los ojos un segundo, imaginándola en la sala grande, con Alexei dormido en el sofá, la cabeza en su regazo, y la pequeña Sofía en la cuna del cuarto de arriba.

—Estamos con Carl— dijo sin rodeos. —Vamos a movernos hacia Klin. Dimitri ya está aquí. Vamos a rastrear la van. Te mantengo informada cada paso.

Sofía respiró hondo al otro lado.

—Alexei se durmió hace un rato. Pero sigue murmurando el nombre de Misha en sueños. Viktor… tráelo de vuelta. Por favor.

Viktor sintió que algo se le rompía dentro.

—Te lo traigo, reina mía. Te lo juro. Y cuando vuelva… vamos a hacer que esos dos dragones vuelen juntos otra vez. Sin miedo.

Hubo un silencio corto, cargado.

—Te amo, mi rey. Vuelve entero. Los dos... todos, por favor.

—Te amo, reina. Siempre.

Colgó. Dimitri ya estaba subiendo al todoterreno.

—Vamos. Sergei y Boris nos esperan en el cruce. El contacto de la FSB mandó coordenadas, la van tomó un desvío hacia un polígono industrial abandonado cerca de Klin. Tienen menos de una hora de ventaja.

Viktor subió al asiento del conductor, encendió el motor y pisó el acelerador. La nieve salpicaba los vidrios. El camino se perdía en la oscuridad, el sonido de las llantas contra la nieve.

Pero en el pecho de Viktor ya no había duda, sabía que ahora iba por Misha, lo hacía por Alexei, por aquella promesa que su hijo le había hecho a su amigo en silencio, y si Carl quería seguir viéndolo como el diablo… que lo viera.

Porque esa noche, el diablo iba a traer de vuelta a un niño. Y después… después quizás podrían hablar, sólo hablar, pero primero… había que rescatar a un dragón azul que se había perdido en la nieve. Y Viktor Ivanov no dejaba a nadie atrás. Nunca, mucho menos a alguien que se acercaba a su familia, que se había vuelto el mejor amigo de su hijo.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP