MARCO
El volumen ensordecedor de la música me despertó de golpe. ¿Había alguna fiesta de la que no estuviera enterado? Salté de la cama. —¡¿Quién carajos…?! —me quedé a medias al verlo.
Dante.
Asintiendo con la cabeza y bailando al ritmo de la música. ¿Qué cojones le pasa a este idiota?
Con toda la fuerza que pude, lancé la almohada contra el altavoz, haciéndolo caer al suelo.
Dante se giró hacia mí con una sonrisa astuta y molesta. —Pensé que no despertarías nunca —comenzó, con voz burlona.
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