CASSANDRA
Las sábanas estaban enredadas en mis piernas; sentía el cuerpo en llamas a pesar de que el aire acondicionado estaba a tope. No importaba cuántas veces cambiara de postura, no lograba pegar ojo.
Cada vez que cerraba los ojos, lo sentía a él… el calor de las manos de Marco entre mis muslos, el roce áspero de su aliento contra mi cuello.
Era como si mi mente reprodujera cada detalle, cada jadeo, y me sorprendí deseando más. Sabía que no era más que puro deseo, o quizás mi ovulación jug