**CASSANDRA**
Fue como si Nathan hubiera soltado una bomba. La habitación quedó en un silencio sepulcral.
Nathan estaba ahora de pie frente a su padre, con los ojos echando chispas de rabia, mientras Marco cruzaba las piernas con una sonrisa burlona y entretenida en el rostro.
Era como un choque de egos; la tensión entre ambos se podía palpar en el aire.
—Ella se va. Yo recibiré el castigo —soltó Nathan, con una voz despojada de toda emoción—. Ordena a tus guardias que la suelten.
—¿Y desde cuá