CASSANDRA**
Mis ojos se abrieron con dificultad, solo para cerrarse de golpe ante una claridad cegadora.
Sentía el cuerpo débil, rígido y entumecido. Intenté moverme y fue entonces cuando lo sentí… el arrastre de unas cadenas de metal frío que me sujetaban.
El pánico cortó la neblina de mi mente; abrí los ojos de par en par mientras los recuerdos de las últimas veinticuatro horas me golpeaban de golpe.
A estas alturas debería estar en Nueva York… pero aquí estaba, encadenada de pies y manos, co