Marco
Salí de la habitación hecho una furia, con los puños apretados, el ego herido y la rabia hirviendo en mis venas. La audacia de Cassandra me quemaba en el pecho como si fuera ácido.
¡¿Cómo se atrevía?! Humillándome constantemente delante de todos. En condiciones normales ya estaría muerta, pero seguía permitiendo sus excesos y eso empezaba a pasarme factura.
Me irritaba absolutamente todo lo que hacía. Cuando entró al comedor con ese vestido, lo odié. Odié cómo se le veía el escote. Odié