Mientras observaba el amanecer desde el balcón del faro, Aileen permanecía inmersa en sus pensamientos. Se le había metido en la cabeza, desde hacía un par de días, la idea de estar llevando una doble vida. Desde el momento cuando Pablo había empezado a salir con Marize, algo más de dos semanas atrás, no había dejado de sentirse mal. Había llorado varias noches; al levantarse en las mañanas no creía tener la fuerza necesaria para afrontar el día, había momentos en los que sentía cómo la pe