Después de haberla llevado hasta su casa, siendo un poco más de las cinco de la tarde, y de haberle ofrecido su compañía en caso de ella considerarlo necesario, la cual, afortunadamente para sus intereses había sido rechazada con la disculpa de querer darse un baño y descansar antes de subir a prender la luz del faro, Pablo llegó a su nueva vivienda y lo primero que hizo fue servirse un vaso de whisky en las rocas. Se sentó en la única poltrona del estudio y mientras miraba los veleros que