—Ni idea —reconoció María, algo apenada. Llevaba poco tiempo en Casa Guzmán; conocía pocos detalles de la familia.
—A nuestro señor Alejandro —reveló Miguel con los ojos brillantes—. Esos ojos grandes, la nariz respingada y la boquita de cereza… ¡igualitos a cuando él era niño!
Los mayores cercanos a la familia recuerdan que, de pequeño, Alejandro era tan lindo que parecía una nena. Con los años su rostro se volvió más varonil, los rasgos se afinaron… y, mira tú, su “hija” heredó aquella belleza