Alejandro lo sabía, pero temía que hubiera pasado antes, sin que él lo recordara.
—Tienes razón —se acomodó contra su pecho, murmurando—. Fue un pensamiento tonto.
—Vaya imaginación… —se burló ella, enredando sus dedos en su cabello.
De pronto se quedó quieta, un hilo de voz atrapado entre los labios:
—Oye… ¿alguna vez se te ocurrió…?
¿…pensar que él mismo era el padre de Alba? Aun si por entonces estaba con Mónica, ¿de veras no notó la diferencia entre ambas? “¿Será que, con la luz apagada, tod