Aquella noche, Luciana no pegó ojo.
Se volteó una y otra vez sin conseguir dormir. Al final, resignada, se levantó, abrió el botiquín de viaje y tomó una pastilla. Bebió un sorbo de agua y volvió a acostarse.
El somnífero hizo efecto rápidamente y, al cabo de unos minutos, se hundió en un sueño turbio y pesado.
***
A Luciana la despertó el timbre del celular al amanecer.
No era la alarma: era una llamada.
—¿Bueno? —atinó a gruñir, todavía entre sueños.
Del otro lado sonó la voz ronca y suave de