Luciana quiso responder, pero vio a Alba observándolos de reojo y se calló.
Tras el desayuno, salieron juntos: primero dejaron a Luciana en el hospital universitario, luego llevarían a Alba al kinder.
En el coche, la niña se acurrucó contra Alejandro.
—Tío… ¿tú quieres a mamá?
La pregunta lo tomó desprevenido: los niños captan más de lo que parece.
—Sí —admitió, algo tenso—. la quiero mucho.
Alba sonrió con picardía.
—Lo sabía.
Aliviado, él añadió:
—Y también te quiero a ti, Alba.
—Ya lo sé. —La