Cortó y apretó el teléfono con tanta fuerza que se le marcaron las venas.
“Por poco y pierdo la calma”, se dijo, inspirando hondo.
Miró a Fernando y musitó:
—Fer, mi memoria es prodigiosa. No olvido el daño que te hicieron ni las humillaciones que yo pasé. Te prometo que no repetiré la historia.
Alejandro siguió con el aparato en la mano, callado.
“¿Fue su forma de recordarme que su corazón sigue con Fernando?”
***
Después de la visita, Luciana pasó por su departamento; tomó los libros y, al baj