Luciana frunció el ceño, lista para explotar, pero él la anticipó; le sujetó los hombros y murmuró junto a su oído:
—No te enfades. Aunque te “aplastara” a capricho, vivirás mejor que cualquier mujer de Monio, ¿de acuerdo?
Luciana soltó una carcajada fría y, de hombros.
—Lo que sea que te haga feliz.
—Así me gusta. —Él besó su frente—. Vámonos; Alba extraña a su mamá.
***
El auto se detuvo frente a la torre del Grupo Guzmán.
Luciana lo miró de reojo.
—¿Alba está llorando por su mamá?
—Perdón —di