Capítulo 937
A la mañana siguiente, el despertador fue lo único capaz de sacar a Alejandro del sueño.

La noche anterior se había acostado tarde con todo el ajetreo del banquete; para no molestar a Luciana, durmió en otra cabina.

Miró la hora: seguramente Luciana ya estaría con su abuelo y con Alba en el desayuno.

Se dio una ducha veloz, se cambió y salió deprisa.

Al llegar, vio a Miguel dándole de comer a la niña con esmero.

—Abuelo, buenos días. —Se sentó junto a él, barriendo el lugar con la mirada.

—Deja
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