Luciana enrojeció; Patricia y Elena estaban presentes, y aunque Alba era muy pequeña para entender, le daba vergüenza.
A la mesa, Alejandro y Luciana se sentaron juntos. Alba se negó a usar su sillita y se acomodó en las piernas de Alejandro, quien lo permitió sin protesta.
Patricia sirvió la pizza recién horneada; Alejandro la cortó en trocitos, sopló para enfriarlos y los fue acercando a la boca de Alba.
—Señor Guzmán sí que es paciente con la niña —comentó Elena, admirada.
Luciana lo observab