Capítulo 866
Alejandro supo que ella se había asustado. Y eso, en cierto modo, le pareció un alivio: al menos no seguiría adentrándose sin freno en la boca del lobo.

Cuando concluyó el tiempo de la sesión, Luciana fue retirando las agujas una a una.

—Señor Guzmán, por favor descanse. Con su permiso, me retiro —Guardó su estuche y se levantó.

—Doctora Herrera… —Alejandro la llamó con un tono inesperado, atrapándola de nuevo por la muñeca.

—¿Sí? —contestó Luciana, incómoda al sentir esa mano que la sujetaba—.
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