Por desgracia, ni siquiera una niña pequeña se creyó esa mentira. El semblante de Luciana empeoró por momentos, hasta que perdió fuerzas y se dejó caer al suelo, tratando de soportar el dolor.
—¡Mamá!
Alba se asustó tanto que rompió a llorar, aferrándose a su madre.
—¡No te enfermes, mamá! ¡No te vayas…!
Eran solo ellas dos, sin ningún otro apoyo cercano. Normalmente no pasaba nada, pero ahora… bastaba un contratiempo para que su situación pareciera realmente indefensa.
—Alba… —Luciana quiso cal