Desesperada, Luciana empujó a Alejandro con la mano libre, sintiendo que le salía el corazón por la boca.
—Suéltame. Si tu “novia” nos ve así, ¿quieres que piense mal…?
¿“Novia”? Alejandro frunció el ceño, pero aflojó el agarre y se preparó para salir.
—¡Hey! —lo detuvo Luciana, tomándolo del brazo—. ¿A dónde vas?
—¿No eras tú la que me pedía que me fuera? —replicó él, arqueando las cejas.
—Si sales ahora, te toparás con ella y va a ser lo mismo, —susurró Luciana con apremio—. ¡Escóndete!
Sin da