—¡Sí, me encanta! —exclamó la pequeña.
Luciana quedó boquiabierta. “Así que no era broma— ¡le está montando un parque entero por haber venido a visitarlo!”
Con un gentío a su alrededor, fueron hacia el jardín trasero. En el césped ya estaban instalados un columpio, un tobogán, un arenero e, incluso, un carrusel mecánico. Felipe, mirando a su alrededor, repetía:
—Es lo mejor que pudimos hacer con tan poco tiempo.
—Ajá —asintió Miguel—. Encárgate de que terminen el resto, a ver si a Alba le hace f