Capítulo 839
Temprano en la mañana, Luciana había hervido la infusión dos veces, y la tercera tanda seguía en el fuego. De pronto, sonó el timbre.

Patricia, atareada, le pidió un favor:

—Doctora Herrera, ¿podrías atender la puerta?

—Claro —asintió Luciana, dirigiéndose a abrir.

De inmediato un exquisito aroma inundó el ambiente: Juana estaba en la puerta.

—¿Eh? Eres tú —comentó Juana, que también recordaba a Luciana, aunque no se mostró particularmente curiosa—. ¿Alejandro ya se levantó?

—No lo sé… —respondi
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Sofia ZambranoCuando va pasar algo interesante en esta novela Ya ha pasado de todo y nada que avanzar por dios
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