Sin que Luciana tuviera que decírselo, se tumbó para recibir las agujas.
—Señor Guzmán, ¿siente algo especial?
—Ajá —respondió él, medio cerrando los ojos—. Siento el estómago más cálido.
—Entonces funciona —señaló ella con una leve sonrisa—. Dejaremos las agujas media hora, igual que antes.
—De acuerdo.
Después de colocarle las agujas, Luciana se sentó a su lado para supervisarlo. Tras unos segundos de vacilación, se animó a hablar:
—Señor Guzmán, acerca del regalo que le diste a Alba… es demas