Al terminar, hizo una mueca e inmediatamente subió a cambiarse de ropa.
Cuando bajó de nuevo, encontró a Patricia y a Alba en la sala mirando caricaturas. En la pantalla, dos cerditos bailaban felices en un charco de lodo. Al verlo, Patricia se levantó casi de un brinco:
—Señor Guzmán, la señorita Luciana se fue a cambiar; en cuanto termine, llevará a Alba a la escuela. La dejé mirar un ratito la tele, solo unos minutos…
Tenía un tono muy cauteloso, como si temiera hacerlo enojar.
Alba se escond