Capítulo 820
—No es “cualquier hombre” —protestó ella, a punto de llorar—. Eres tú, a quien yo quiero.

Alejandro se quedó sin palabras. Era imposible razonar con esta “medio extranjera” que entendía todo a su manera.

—Vístete y lárgate de mi casa. Y no vuelvas a pisar esta puerta.

Tras soltar esa orden, se puso una bata y salió de la habitación.

Mientras tanto, en la planta baja, Luciana se mantenía de pie, intranquila. Si no fuera porque necesitaba precisamente la ayuda de Alejandro para resolver el asunto
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