Mientras tanto, en la entrada de la villa, Luciana dudaba. Ese lugar había sido su hogar conyugal en teoría, pero nunca llegaron a vivir allí como una pareja real. Aun así, no pudo evitar sentir un nudo en la garganta al verlo de nuevo.
Tomó aire y presionó el timbre. Nadie respondió, ni siquiera después de esperar un buen rato. “¿Estará en la ducha?”, pensó. Volvió a tocar, y de nuevo, nada. Al recordar que antes conocía la clave de acceso, se preguntó si Alejandro la habría cambiado. Tal vez n