Esa voz dulzona resonó otra vez desde el piso de arriba, llena de un afecto empalagoso que hizo que a Luciana se le erizara la piel. Lo mismo le pasó a Alejandro, cuyo semblante se contrajo de inmediato.
Ambos alzaron la vista hacia la escalera. Juana bajaba después de haberse bañado, el cabello aún húmedo y… vistiendo nada más que una camiseta masculina. Claramente, era la de Alejandro. Al ser más baja que él, la prenda apenas le cubría la parte alta de los muslos, dejando a la vista sus pierna