Recordando la ceguera de Luciana, su tono se hizo aún más gentil:
—No te preocupes. Tus ojos se recuperarán. Todo va a mejorar, ya lo verás.
Para distraerla de la preocupación, insistió en la conversación sobre su bebé.
—Aunque haya nacido antes de tiempo, lloró con fuerza al nacer, ¿lo recuerdas?
Ella asintió casi imperceptiblemente. Aunque el dolor del parto había sido inmenso, Luciana recordaba aquel llanto fuerte y claro.
—A propósito… ¿ya pensaste cómo quieres que se llame? —preguntó Alejan