“¿Será que… me voy a morir?” se preguntó con una extraña serenidad, sintiendo que su conciencia flotaba.
Veía rostros borrosos: la doctora Alondra, varios enfermeros… Todos se movían con apuro, pero ella los sentía lejanos, como si estuviera al borde de dejarlo todo.
No sentía miedo. Al contrario, pensaba en su padre, en Fer… y asumía que tal vez era su turno de partir.
“Si muero, al menos… será una forma de expiar mis culpas. Aunque no sirva para regresar a quienes perdí, mi conciencia descansa