Luciana lo contempló con una expresión suplicante.
—¡Yo vi ese Porsche, era de Mónica! ¡Lo juro! ¿Tú no me crees?
Su voz adoptó un tono de desesperación. Señaló directamente a Salvador:
—Dile la verdad, tú lo sabes. ¡Admite que fue Mónica! Todos ustedes son de la gente de Alejandro, ¿no? Puedes confirmarlo, ¿verdad?
—Luciana… —susurró él, con la impotencia pintada en su rostro—. Créeme, no estoy protegiéndola. La policía hace su trabajo, pero sin pruebas…
Luciana no quería oír más explicaciones;