—Sí, señor Morán.
Un par de agentes se llevó a Mónica a un lado, mientras Alejandro se llevaba en brazos a Luciana, sacándola del lugar y conduciéndola hasta el auto. Ella cerró los ojos, negándose a abrirlos, con el cuerpo tenso y una actitud de rechazo total.
El corazón de Alejandro latía con un dolor insoportable. Se inclinó para acariciarle con cuidado el cabello.
—Luciana, yo te amo a ti… Ahora amo a ti —murmuró con la voz entrecortada—. Créeme, no la estoy defendiendo. No he movido ni un s