Y también vio a Clara, quien, en cuanto la vio descender del vehículo, se lanzó contra ella, apuntándole con un dedo acusador.
—¡Luciana! —espetó Clara—. ¡Quiero que me expliques cómo fue que mataste a tu padre!
—Quítate de mi camino —contestó Luciana, con la voz fría—. Hoy es el funeral de papá. No quiero decir nada que perturbe su descanso.
Clara enmudeció unos segundos, con el rostro contraído por la furia.
—¿Te atreves a hablarme así?
Luciana se limitó a alzar una ceja con desdén.
—¿Quieres