—Entonces olvídalo. Si no me llevas, mejor no vayas.
Ante esas palabras tajantes, Alejandro se sintió atrapado. Apretó los dientes:
—Bien… pero no saldrás del auto. Y pase lo que pase, tú y el bebé no deben correr ningún riesgo.
—De acuerdo.
Subieron al vehículo y se dirigieron a la ubicación que Mónica había enviado. Era una construcción abandonada en la periferia oeste de la ciudad. Al llegar, vieron que Mónica, que se había adelantado, les hacía señas mientras descendía de otro auto. Ella ya