Antes, Fernando había vivido con el único propósito de regresar y recuperar lo que creía perdido con Luciana, trabajando cada día por un futuro juntos. Sin ese objetivo, se había quedado sin motivación.
Era la desolación total.
Al darse cuenta de la gravedad de la situación, Luciana se llevó una mano a la boca, conteniendo el llanto. “Fer… ¿hasta ese punto me amabas?”, pensó.
Con la voz quebrada, se obligó a decir:
—Fer, descansa. Voy a venir a verte de nuevo, ¿está bien?
Él se sobresaltó un poc