—¿En serio?
—Sí, de verdad. Estoy a punto de llegar. No te angusties.
—Bien, manejen con cuidado.
Al colgar, Luciana no pudo reprimir una sonrisa, lo que no pasó desapercibido para Martina, quien la miró con picardía:
—Vaya, el señor Guzmán te tiene como un barómetro de emociones. Por esa cara veo que… ¿sí? ¿Ya viene?
—Sí, está en camino. Dice que llega pronto.
—Menos mal. Pedro se iría más tranquilo si ve a su cuñado.
***
Mientras tanto, en la carretera que conducía al aeropuerto, Alejandro col