—Hermana, ¿dónde está mi cuñado? —preguntó Pedro, inquieto, mirando el reloj y luego a Luciana con ojos ansiosos.
—Tranquilo, Pedro. Voy a llamarlo para ver qué pasa —respondió ella, poniéndose de pie para marcar el número de Alejandro.
El tono de llamada sonó un buen rato antes de que él contestara.
—¿Luciana?
—¿Dónde estás? —indagó Luciana, sin rodeos—. Ya es hora de ir al aeropuerto. Pedro me está preguntando por ti.
—¿Tan tarde es? —murmuró Alejandro, presionándose el entrecejo mientras mira