Capítulo 695
Esa noche, como de costumbre, Alejandro no consiguió el permiso para quedarse.

—Luciana, Luciana… —repetía con un deje de súplica.

—Por más veces que me llames, no conseguirás nada —bromeó ella con suavidad, empujándolo con una sonrisa—. Es tarde, vete a descansar. Buenas noches.

Cerró la puerta, y él, tras soltar un leve “tacaña”, se marchó… pero no se fue muy lejos. Se dirigió con paso firme a la puerta del apartamento contiguo.

***

A la mañana siguiente, alrededor de las siete, Luciana escuch
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