Estaba pensando en los riesgos que Alondra le había mencionado antes.
—No, no hay peligro real, señor Guzmán. Creo que está siendo un poco alarmista…
—Alejandro. —La voz de Luciana resonó a sus espaldas.
—Hablamos luego, adiós —soltó de inmediato, colgando y dándose la vuelta con una sonrisa forzada, procurando que no notara nada extraño—. ¿Ah? ¿Qué decías?
—¿A quién llamabas?
—A Sergio —mintió sin pestañear.
Luciana esbozó una risa escéptica. Ya estaba acostumbrada a sus pequeñas mentiras piado