—No pienses así —la consoló Martina—. Como dijo el señor Guzmán, ¿quién se detiene a pensar en equivocaciones cuando estás salvando a alguien? Pedro estará bien; cuenta con una hermana y un cuñado que lo quieren. Saldrá adelante.
—Ojalá tengas razón —susurró Luciana, intentando calmar su ansiedad.
Una hora después, las puertas del quirófano se abrieron de nuevo. Apareció la misma enfermera de antes.
—Doctora Herrera, señor Guzmán…
—¿Cómo está? —El corazón de Luciana latía con fuerza desbocada.
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