—Lo siento… —Luciana torció la boca, conteniendo el llanto—. Sé que no está bien, pero no puedo controlarlo. Tengo miedo…
Miedo de que algo saliera mal con Pedro. Toda cirugía, por pequeña que fuera, implicaba riesgos. Y si algo llegaba a pasarle… no se lo perdonaría jamás.
A medida que hablaba, sus ojos se llenaron de lágrimas, lo que hizo que el corazón de Alejandro se encogiera. Sin pensárselo dos veces, se inclinó para rodearla con un abrazo.
—Tranquila. —dijo con la voz más suave que pudo—.