Ella abrió la puerta y se quedó atónita al verlo allí, en persona.
—Luciana…
Alejandro no le ofreció el recipiente de inmediato. Sus ojos profundos la contemplaban desde arriba, casi con la curiosidad de un gato ante un pez.
—Hoy está nevando bastante.
—¿Eh? Sí, sí… —Luciana respondió algo desorientada, asintiendo con la cabeza—. Cuando te vayas, maneja con cuidado, ¿sí?
—…Está bien.
Sin embargo, él no le entregó la comida, sino que entró directo al apartamento, pasándole por un costado. Se detu