—¡Ja! ¿Y qué si soy injusto? —El tipo se incorporó de un salto pese a su venda en la cabeza y lanzó el brazo hacia Martina—. ¡Deja de lloriquear como si estuvieras de velorio! Me pones de malas…
Parecía listo para golpearla. Aunque estaba herido, seguía siendo un hombre más fuerte.
—¡Detente! —Luciana irrumpió de inmediato, tomó a Martina del brazo y la jaló hacia atrás. Lo fulminó con la mirada—. ¿Con qué derecho la va a golpear?
—¿Otra más? —Él resopló—. ¿Por qué no? ¿O es que Marc podía darme