—No es nada —contestó al fin, intentando recobrar la calma. Se soltó de Alejandro—. ¿Trajiste el agua? Dámela, por favor. Quiero terminar pronto con las revisiones e irme a casa.
¿“No es nada”? Alejandro no las tenía todas consigo. Para él, Luciana se veía realmente alterada, como si hubiera vivido un susto tremendo. Aun así, no insistió: simplemente le quitó la tapa a la botella y se la ofreció.
—Toma.
—Gracias —respondió ella.
La revisión prenatal tomó cerca de una hora. Eran poco más de las c