—Gracias —contestó Luciana.
—A sus órdenes.
Pedro miró las diferentes secciones del frutero y señaló una en particular.
—Esa mandarina es muy dulce.
—¿Sí? —Luciana le sonrió—. ¿Ya la probaste?
—Ajá. —Él asintió—. Me la trajo mi tío.
La sonrisa de Luciana se congeló al instante. El “tío” de Pedro solo podía ser Ricardo.
—¿Vino a verte?
—Sí —confirmó Pedro—. Ayer por la tarde.
Así que había estado allí apenas al salir del hospital… ¿Lo hizo por mera apariencia, o de verdad le importaba Pedro? Luci