La pregunta de Alejandro la tomó por sorpresa, dejándola momentáneamente sin respuesta.
—Te he dicho que no necesitas hacer nada por Mónica…
—¡No es por ella! —exclamó él, visiblemente alterado—. No la nombres más. Estoy aquí contigo, pero siempre la sacas a colación. ¿Quieres que me dé por vencido?
“¿Darse por vencido?” Luciana repitió esas palabras en su mente, aún más inquieta que antes. Su corazón empezó a palpitar con fuerza. Al fin, musitó:
—No sigas. No quiero escuchar nada más.
Buscó con