Aquella pregunta la dejó helada, como si la hubieran arrojado a un pozo de hielo. Fue tal el impacto que sintió su rostro arder, como si la hubieran abofeteado sin tocarla.
—¿De veras no entiendes o te haces la que no comprende? —insistió Alejandro, con una sonrisa irónica que crispaba sus facciones—. ¿Pensaste que alguna vez financié el proyecto de Delio por bondad o porque me sobraba el dinero y no sabía en qué gastarlo?
Sus ojos destellaron un brillo helado:
—Ninguna de esas razones. Lo hice