—Sí, claro, aunque no deberías irte tan tarde…
—No te preocupes, Amy. Prefiero no quedarme —insistió Luciana.
Amy, que no la veía muy convencida, dispuso que el chofer de la casa la llevara para que llegara a salvo a la Calle del Nopal. Luciana aceptó el gesto, aunque, al estar de vuelta en su departamento, le costó conciliar el sueño.
No lo vio esa noche, y según Amy, él tampoco había dormido recientemente en la Casa Guzmán. «¿Dónde podría encontrarlo?», se preguntó Luciana. «Tal vez si voy a s