—¡Esto es grave! —exclamó Felipe, tanteando la pared hasta encontrar el interruptor. Al encender la luz, se llevaron otra sorpresa: la habitación parecía un desastre. Daba la impresión de que Alejandro se había dedicado a destrozar todo, a punto de arrancar las paredes.
—Es un caos… —murmuró Amy, corriendo hacia la ventana—. Voy a abrir para que circule algo de aire.
—Yo buscaré al señor Alejandro —dijo Felipe, avanzando con cuidado entre los restos.
Lo encontró dormido en el sofá, completamente