—Llámame al salir de tu turno. Si termino temprano, te recogeré —añadió él.
Ella no respondió.
—Ya, vete de una vez —contestó con frialdad.
Tenía claro que él no iría directo a la oficina. Al cabo de un rato, sin duda pasaría por la sección de quemados para ver a Mónica.
—De acuerdo…
Justo en ese momento, la puerta de la unidad se abrió de golpe, dejando entrar una voz aguda que rebotó por el pasillo.
—¡Luciana!
Clara, con un porte agresivo y pisadas decididas, se presentó con cara de pocos amig