Luciana, por su parte, se fue a la ventana del pasillo, dispuesta a esperar el tiempo que hiciera falta. Sin embargo, no tardó mucho en ver cómo Alejandro salía, luego de, aparentemente, dejar a Mónica bajo control.
—Luciana… —la saludó él, suave, deteniéndose ante ella.
—¿Dónde está Pedro? —le soltó sin rodeos, con la voz tensa y el gesto serio—. ¿A dónde lo llevaste?
Luciana se esforzaba por mostrarse tranquila, pero sus manos fuertemente entrelazadas dejaban en evidencia su ansiedad. Alejandr